Veredas: se repararon 687 m², pero ¿Cuánto falta?

Los números permiten conocer cuánto se intervino, pero dejan sin responder cuantos metros están dañados: “En sitios como Isabel La Católica no se puede caminar entre las roturas y las deposiciones animales”, afirman los vecinos
 
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Las veredas de la Comuna 4 volvieron a quedar expuestas como uno de los puntos sensibles del mantenimiento del espacio público. Durante el primer semestre de 2026, el Gobierno porteño informó la reparación de 687 metros cuadrados de aceras, mientras que en el mismo período se registraron 135 reclamos: 124 fueron resueltos y 11 permanecían pendientes al cierre de junio.

Los números permiten conocer cuánto se intervino, pero dejan una pregunta que el registro oficial no responde: ¿cuántos metros cuadrados de veredas deterioradas hay actualmente en los cuatro barrios de la Comuna 4?

Sin ese dato, no es posible establecer qué proporción del problema fue atendida durante el semestre. Los 687 m² representan la superficie reparada, pero no existe en el balance un relevamiento de la superficie total que necesita trabajos en La Boca, Barracas, Parque de los Patricios y Nueva Pompeya. 

La cuestión tampoco se limita a las baldosas rotas. En distintos sectores, el estado de las aceras combina desniveles, raíces, baldosas levantadas, suciedad y residuos que complican la circulación cotidiana. A ese cuadro se suma un problema que los números de reparación no alcanzan a reflejar: las deposiciones de perros sobre las veredas, una situación que vecinos de distintos puntos de la zona señalan cada vez con mayor frecuencia.

Patricia, una jubilada que suele caminar por la zona, describe el problema desde la experiencia cotidiana. “En sitios como Isabel La Católica no se puede caminar entre las roturas y las deposiciones animales”, afirma. La referencia apunta a una dificultad concreta: incluso cuando una vereda tiene sectores reparados, la circulación puede seguir siendo incómoda si existen obstáculos, desniveles o falta de limpieza alrededor de los espacios de paso.

El problema que aparece después de la reparación

El balance de la Comuna registra reclamos e intervenciones, pero no mide otros aspectos vinculados con el estado cotidiano de las aceras. No hay, por ejemplo, una medición de la cantidad de metros afectados por suciedad, deposiciones animales u otros residuos, ni una estimación de cuántas cuadras presentan problemas simultáneos de deterioro y falta de limpieza.

Los datos disponibles sí permiten observar el movimiento de la administración durante los primeros seis meses del año. Hubo 135 reclamos relacionados con veredas y se resolvieron 124. Los 11 restantes quedaron pendientes.

También existe una particularidad respecto de quién debe hacerse cargo de las reparaciones. Según la información de la Comuna, la conservación de las aceras corresponde en términos generales al propietario del inmueble frentista. Sin embargo, existen excepciones cuando el deterioro es consecuencia de intervenciones de empresas de servicios, obras del Gobierno porteño o raíces del arbolado público. 

Este último punto tiene relevancia en una jurisdicción donde también se realizaron numerosas tareas sobre el arbolado. Durante el primer semestre se informaron 3.629 podas, 601 cortes de raíz, 468 extracciones y 226 plantaciones. Parte de esas intervenciones está directamente vinculada con la convivencia entre árboles, infraestructura y espacio peatonal.

El resultado es una fotografía con dos caras. Por un lado, la administración porteña muestra una intervención concreta sobre las aceras: 687 m² reparados y más de un centenar de reclamos atendidos. Por otro, el propio registro no permite determinar cuál es la dimensión completa del deterioro ni cuánto representa esa superficie reparada sobre el total de veredas que necesitan trabajos. Y mientras las obras avanzan en determinados puntos, aparecen problemas que pertenecen a otra dimensión del mantenimiento urbano. Una baldosa rota puede repararse; una raíz puede ser tratada; pero la suciedad y las deposiciones animales requieren una continuidad de limpieza y cuidado del espacio público que no queda medida en los 687 m² informados.

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