
El déficit comercial se agrava por China
Editor
La balanza comercial española cerró 2025 con el mayor desequilibrio desde 2022, año marcado por el impacto de la guerra de Ucrania sobre los precios energéticos. El saldo negativo entre exportaciones e importaciones de mercancías alcanzó los 57.054 millones de euros, lo que supone un incremento del 41,6% respecto al ejercicio anterior. Se trata del tercer peor registro desde 2008 y refleja un deterioro significativo del sector exterior en un contexto de fuerte crecimiento económico interno.
Uno de los factores determinantes ha sido el creciente desajuste en el intercambio con China. El déficit bilateral con el gigante asiático empeoró un 12% y explica tres de cada cuatro euros del déficit comercial total. Este desequilibrio responde, en parte, a un cambio estratégico en la política exportadora china. Según la analista de Arcano Research, Ya-Lan Liu, el país asiático ha redirigido hacia mercados alternativos, como España, la producción que anteriormente destinaba a Estados Unidos antes de la imposición de barreras comerciales.
Este fenómeno no se ha limitado a España, sino que ha afectado al conjunto de la Unión Europea. Sin embargo, a diferencia de otros Estados miembros, España no ha logrado compensar el aumento de las importaciones con un dinamismo equivalente en sus exportaciones hacia terceros mercados. Las ventas al exterior crecieron apenas un 0,7%, hasta los 387.092 millones de euros —segundo mejor dato de la serie histórica—, mientras que las importaciones avanzaron un 4,6%, alcanzando los 444.146 millones. Es decir, el ritmo de crecimiento de las compras al exterior fue casi siete veces superior al de las ventas.
El déficit no energético se triplica en un año
Detrás de esta brecha destaca el fuerte repunte del déficit no energético, que prácticamente se triplicó al pasar de 9.833 millones a 27.763 millones de euros. Este deterioro se produce en un entorno de expansión económica, con un crecimiento del PIB del 2,8% en 2025. El aumento de los beneficios empresariales ha reforzado la capacidad de inversión de las compañías, impulsando la adquisición de bienes de equipo y otros productos importados.
El dinamismo de la demanda interna, unido al encarecimiento de determinados productos en los mercados internacionales, también ha elevado la factura exterior. Las importaciones de productos cárnicos crecieron un 27%, mientras que las de azúcar, café y cacao aumentaron un 25%. A ello se suma un incremento cercano al 16% en la compra de medicamentos, influido por el envejecimiento de la población y el auge de los fármacos para la pérdida de peso. En contraste, el déficit energético se redujo ligeramente, desde 30.442 millones hasta 29.292 millones de euros, gracias a un ahorro de aproximadamente 3.000 millones en la partida de petróleo y derivados. Esta moderación, sin embargo, no ha sido suficiente para compensar el deterioro del saldo no energético.
Desde el punto de vista geográfico, las exportaciones españolas mostraron un comportamiento dispar. Se registraron avances hacia destinos emergentes como África, con un crecimiento del 6,2%, y Asia, con un 3,4%. En cambio, los envíos a la Unión Europea —principal socio comercial— se mantuvieron prácticamente estables, con un aumento del 0,6%. Más preocupante fue la caída de las exportaciones hacia Latinoamérica (-6%) y Estados Unidos (-8%).
En el caso estadounidense, la política arancelaria impulsada por la Administración Trump volvió a generar tensiones comerciales. El momento más crítico se produjo en agosto, cuando entraron en vigor nuevos aranceles que provocaron un desplome superior al 30% en los envíos españoles a ese mercado. Como consecuencia, Estados Unidos ha perdido peso en el conjunto de las exportaciones españolas, representando ahora el 4,3% del total, un punto porcentual menos que el año anterior.







