La inmigración pierde capacidad para frenar el envejecimiento

Un informe de Funcas advierte que más de la mitad de los inmigrantes abandona España por la precariedad laboral y el elevado coste de la vivienda.
ECONOMÍA & POLÍTICA14/05/2026EditorEditor
Inmigración
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La inmigración continúa siendo uno de los principales motores del crecimiento demográfico en España, pero su capacidad para compensar el envejecimiento poblacional muestra señales de agotamiento. Así lo refleja un estudio de Funcas que concluye que más de la mitad de las personas extranjeras que llegan al país terminan marchándose debido a factores como la falta de empleo estable, el elevado precio de la vivienda y la dificultad para consolidar un proyecto de vida a largo plazo.

El informe, titulado Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, cuestiona la idea de que la inmigración pueda resolver por sí sola el problema del envejecimiento y la baja natalidad. Según los datos analizados, entre 2002 y 2024 llegaron a España cerca de 15 millones de personas nacidas en el extranjero, pero el aumento neto de población inmigrante fue únicamente de siete millones. Esto implica que más de la mitad abandonó posteriormente el país.

La investigación sitúa la tasa de retención de inmigrantes en torno al 48%, uno de los niveles más bajos de Europa y claramente inferior al registrado en países como Alemania o Suecia. Los expertos Héctor Cebolla Boado y María Miyar Busto, autores del estudio, describen esta situación como una “estrategia de mantenimiento demográfico externo”, basada en la necesidad constante de atraer nuevos flujos migratorios para compensar las salidas.

Entre las principales razones de esta elevada rotación aparece el acceso a la vivienda. El encarecimiento de los alquileres y de los costes de vida afecta especialmente a quienes todavía no han desarrollado vínculos sólidos en el país. A ello se suman salarios reducidos y mayores oportunidades laborales en otros mercados europeos, factores que empujan a numerosos trabajadores extranjeros a trasladarse a otros destinos con mejores perspectivas económicas.

El estudio subraya que esta situación no solo tiene consecuencias demográficas, sino también económicas. La elevada movilidad dificulta que muchos trabajadores se integren de forma estable en el mercado laboral español. Según los investigadores, quienes consideran temporal su estancia tienden a invertir menos en formación, retrasan decisiones de consumo importantes y cambian de empleo con mayor frecuencia. Todo ello acaba afectando a la productividad empresarial y a la estabilidad del empleo.

La baja natalidad y el envejecimiento también afectan 

El informe desmonta además otro de los argumentos habituales en el debate sobre inmigración: la capacidad de la población extranjera para revertir la caída de la natalidad. Aunque actualmente cuatro de cada diez niños nacidos en España pertenecen a familias migrantes, Funcas sostiene que el efecto es temporal.

Los investigadores explican que las tasas de fecundidad de las mujeres extranjeras terminan convergiendo con las de la población española. Es decir, tras una generación, los descendientes de inmigrantes reproducen patrones similares de natalidad y comportamiento demográfico que el resto de la sociedad. El estudio señala que el 81% de la caída de los nacimientos desde 2009 responde principalmente a la decisión de las familias de tener menos hijos, y no a la falta de mujeres en edad fértil.

A esta tendencia se suma otro fenómeno relevante: el envejecimiento de la propia población inmigrante. Una parte importante de quienes llegaron durante el gran ciclo migratorio de principios de siglo se acerca ya a la jubilación. Según el informe, el 22% de los inmigrantes residentes en España tiene actualmente 55 años o más, lo que equivale a unos dos millones de personas. Además, una parte creciente de las nuevas llegadas también corresponde a franjas de edad avanzadas. Entre 2021 y 2024, casi uno de cada cinco inmigrantes que entró en el país superaba los 55 años.

La distribución territorial de la inmigración también contribuye a agravar los desequilibrios demográficos. Los flujos migratorios se concentran especialmente en Madrid, Cataluña y Baleares, mientras que comunidades más envejecidas como Asturias, Galicia o Castilla y León apenas reciben un impacto rejuvenecedor significativo.

Funcas advierte de que, sin cambios estructurales en materia de empleo, vivienda y políticas familiares, la inmigración tendrá cada vez menos capacidad para sostener el equilibrio demográfico español. El estudio proyecta que en 2040 habrá más de cinco personas mayores de 50 años por cada menor de 15 años, reflejando la magnitud del desafío al que se enfrenta la economía española y el sistema de bienestar en las próximas décadas.

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