

La Unión Europea vuelve a situar a las pequeñas y medianas empresas en el centro del debate económico. En una reunión celebrada en Bruselas entre el presidente de Pimec, Antoni Cañete, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se abordaron algunos de los principales retos que afectan actualmente al tejido empresarial europeo, especialmente aquellos vinculados a las pymes, la morosidad empresarial, la simplificación normativa y la mejora de la competitividad empresarial.
Durante el encuentro, celebrado en el marco de la participación de Cañete como vicepresidente de SMEUnited, el representante empresarial trasladó la necesidad de que las instituciones europeas adopten una visión más cercana a la realidad de las microempresas, pequeñas y medianas empresas. En este sentido, defendió la aplicación del principio “Think Small First”, una filosofía que propone que cualquier nueva regulación europea tenga en cuenta, en primer lugar, el impacto que tendrá sobre las compañías de menor tamaño.
La petición responde a una preocupación creciente dentro del tejido empresarial europeo. Las pequeñas empresas representan la inmensa mayoría del tejido productivo de la Unión Europea y son responsables de una parte significativa del empleo y de la actividad económica. Sin embargo, muchas de ellas consideran que las obligaciones regulatorias y administrativas siguen diseñándose con criterios más adaptados a grandes corporaciones que a negocios con recursos limitados.
Uno de los asuntos que ocupó una posición destacada durante la reunión fue el futuro Reglamento Europeo contra la Morosidad. Antoni Cañete insistió en la necesidad de desbloquear una iniciativa legislativa que lleva cerca de dos años pendiente de avances en el Consejo Europeo debido a las diferencias existentes entre diversos Estados miembros. Según trasladó el presidente de Pimec, la falta de una regulación efectiva continúa afectando a miles de empresas que ven comprometida su liquidez por retrasos en los pagos.
El dirigente empresarial recordó además que la morosidad sigue siendo uno de los principales obstáculos para la estabilidad financiera de muchas compañías, especialmente de las más pequeñas. En palabras de Cañete, “Queremos que la premisa de pensar primero en los más pequeños, las pymes, se convierta en un criterio transversal y vinculante en la elaboración de la normativa europea”.
La lucha contra la morosidad gana peso en la agenda europea
Uno de los aspectos más relevantes de la reunión fue el compromiso expresado por Ursula von der Leyen para trabajar junto a los Estados miembros con el objetivo de alcanzar un acuerdo que permita avanzar en la erradicación de la morosidad. La cuestión ha sido incorporada dentro de las prioridades anuales de trabajo de la Comisión Europea, lo que supone una señal positiva para las organizaciones empresariales que llevan años reclamando medidas más contundentes.
La preocupación no es menor. Los retrasos en los pagos generan tensiones de tesorería que afectan especialmente a autónomos y pequeñas empresas, obligándolos en muchos casos a financiar involuntariamente a grandes clientes o incluso a administraciones públicas. Sobre esta cuestión, Cañete afirmó: “Es urgente que la UE refuerce los mecanismos de control y sanción para garantizar el cumplimiento de los plazos de pago y evitar que las empresas continúen actuando como financiadoras involuntarias de las grandes corporaciones y administraciones”.
Además de la problemática de los pagos, el encuentro sirvió para analizar otros desafíos estratégicos para el tejido empresarial europeo. Entre ellos destacan la necesidad de una regulación más sencilla y proporcionada, la mejora de la formación adaptada a las necesidades reales de las empresas, una aplicación más eficiente del mercado único y el impulso a la innovación y la inversión empresarial.
Cañete también defendió que Europa debe avanzar hacia un marco regulatorio capaz de reducir la carga burocrática que soportan actualmente las empresas. Según trasladó durante la reunión, una normativa excesivamente compleja puede limitar la capacidad de crecimiento de las compañías y restar competitividad frente a otros mercados internacionales.
Otro de los asuntos tratados fue la necesidad de contar con políticas energéticas que proporcionen estabilidad y costes asumibles para las empresas europeas. La incertidumbre económica, el incremento de los costes operativos y las tensiones geopolíticas continúan condicionando las decisiones de inversión de miles de negocios en todo el continente.
Las organizaciones empresariales presentes trasladaron igualmente su voluntad de seguir colaborando con las instituciones comunitarias para garantizar que las futuras políticas europeas generen resultados tangibles para las empresas. El objetivo compartido es fortalecer la competitividad de Europa, mejorar la cohesión económica y crear un entorno más favorable para el crecimiento de las pymes europeas, que continúan siendo uno de los principales motores económicos del continente.








