
España afronta el reto de duplicar su productividad
Editor
La economía española se enfrenta a un desafío estructural de gran calado: incrementar de forma significativa su productividad para sostener el actual modelo de bienestar. En un contexto global marcado por recursos limitados, tensiones geopolíticas y cambios demográficos profundos, la capacidad de “hacer más con los mismos recursos” se posiciona como un factor estratégico clave para la competitividad y el crecimiento.
El concepto de productividad no es nuevo, pero cobra hoy una relevancia renovada. Históricamente, avances como la producción en cadena impulsada por Henry Ford demostraron cómo la innovación organizativa puede transformar radicalmente la eficiencia. Este principio sigue vigente: aumentar la producción sin incrementar proporcionalmente los recursos es la base del progreso económico sostenible.
Según datos recientes de la OCDE, la productividad por hora trabajada en España alcanzó los 77,8 dólares en 2024, situándose ligeramente por debajo de la media de la Unión Europea, fijada en 79,9 dólares. Esta diferencia, aunque moderada, refleja una brecha persistente frente a economías más avanzadas como Alemania. Además, si se analiza la evolución histórica, España ha perdido terreno desde principios de siglo, ampliando la distancia respecto a sus principales socios europeos.
Entre los factores que explican esta situación destaca el peso significativo de sectores de menor valor añadido, como el turismo, así como una estructura empresarial dominada por microempresas. Aproximadamente cuatro de cada diez trabajadores están empleados en compañías de menos de 50 personas, lo que limita la capacidad de innovación, inversión y escalabilidad. Asimismo, decisiones de inversión orientadas históricamente hacia actividades de baja productividad, como ocurrió durante la burbuja inmobiliaria, han contribuido a este desequilibrio.
A este contexto se suma un reto demográfico sin precedentes: la jubilación masiva de la generación del baby boom. Este fenómeno reducirá la población activa disponible, lo que obligará a incrementar la productividad para mantener los niveles actuales de producción y, por extensión, el Estado del Bienestar. Las proyecciones apuntan a que será necesario prácticamente duplicar la productividad por hora trabajada en las próximas décadas.
Reformas laborales y fondos europeos impulsan el cambio
A pesar de este panorama, en los últimos años han surgido señales positivas. Desde la pandemia, la economía española ha iniciado un ciclo de crecimiento en el que la productividad ha comenzado a mejorar. Estudios recientes indican que España es uno de los países europeos donde más ha crecido este indicador desde 2020, con una tasa anual cercana al 1%, duplicando el ritmo del periodo anterior.
Uno de los elementos que explican esta mejora es la reforma laboral de 2021, que ha reducido significativamente la temporalidad. Una mayor estabilidad en el empleo favorece la inversión en formación y el compromiso de los trabajadores, generando incentivos para mejorar la eficiencia. En este sentido, la consolidación de contratos indefinidos está contribuyendo a un tejido laboral más productivo.
Asimismo, los fondos europeos han actuado como catalizador de inversión en digitalización, sostenibilidad e innovación, aspectos clave para elevar la productividad. También se observa un cambio en el perfil del empleo, con mayor peso de puestos cualificados y tecnificados, lo que refuerza esta tendencia positiva.
No obstante, el reto no es únicamente crecer en productividad, sino garantizar que sus beneficios se distribuyan de forma equitativa. En las últimas décadas, el incremento de la productividad ha superado ligeramente el crecimiento de los salarios reales, lo que plantea interrogantes sobre la distribución de la riqueza y la cohesión social.
La irrupción de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión a este debate. Su potencial para mejorar la eficiencia es enorme, pero también lo es el riesgo de que sus beneficios se concentren en determinados sectores o perfiles profesionales. Como advierten algunos expertos, “un escenario en el que las ganancias de eficiencia vinculadas a la inteligencia artificial sean limitadas o estén desigualmente distribuidas ejercerá probablemente de freno a mayores reducciones de la jornada laboral si se desea mantener el nivel de bienestar actual”.
De cara al futuro, la estrategia para mejorar la productividad en España debe abordarse desde múltiples frentes. Por un lado, es necesario impulsar sectores de alto valor añadido, fomentando la innovación y la transformación digital. Por otro, resulta imprescindible modernizar actividades tradicionales como el turismo, incorporando tecnología y optimizando procesos.
El papel de la Administración será igualmente determinante, afirman los expertos. Existe consenso en la necesidad de mejorar la inversión en infraestructuras, educación y sanidad, así como en reducir la burocracia y agilizar la gestión de ayudas públicas. La eficiencia del sector público influye directamente en la productividad del sector privado, como ilustra el impacto de problemas logísticos o de transporte en la actividad empresarial.







