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El cierre definitivo de la planta de Formica en Albal (Valencia) marca el fin de una era para la industria de laminados decorativos en España. Tras un siglo de actividad en el país, la multinacional ha decidido cesar la producción local, afectando a 150 de los cerca de 200 trabajadores que empleaba la fábrica. La decisión llega tras el devastador impacto de la inundación sufrida el 29 de octubre, que agravó una situación financiera ya comprometida desde hace más de una década.
A pesar de que la planta de Albal había incrementado su cifra de negocios en 2023, superando los 53 millones de euros, la filial española de Formica acumulaba pérdidas durante años. La inundación, que anegó el polígono industrial con un nivel de agua de entre 2,3 y 3 metros, provocó daños considerables en la maquinaria. En ese momento, 90 operarios se encontraban en el interior de las instalaciones y debieron resguardarse en la primera planta hasta que descendió el nivel del agua. En un primer momento, la empresa, propiedad desde 2019 de la compañía holandesa Broadview, transmitió a los empleados su intención de reabrir la planta y retomar la producción. Sin embargo, el pasado 25 de febrero, Formica comunicó la inviabilidad de la reapertura y el inicio de un expediente de regulación de empleo (ERE).
El expediente de regulación de empleo contempla la extinción de 150 puestos de trabajo, mientras que el resto de los empleados serán recolocados en el nuevo almacén logístico que el grupo abrirá en Picassent o serán transferidos a fábricas en Finlandia, Italia, Francia e Inglaterra. Con esta medida, Formica dejará de fabricar en Valencia y mantendrá únicamente operaciones logísticas desde la ciudad, distribuyendo productos desde sus centros en Madrid, Barcelona y Bilbao. David García Colorado, presidente del comité de empresa, ha expresado la oposición de los trabajadores al cierre de la planta y ha convocado una concentración de afectados para defender la viabilidad de la fábrica. Según el comité, la dirección de la empresa ha aprovechado las consecuencias de la inundación para trasladar la producción a otras plantas en Europa, dejando solo una instalación de almacenamiento en Valencia para el reparto de productos.
El cierre de la planta de Albal pone fin a una larga trayectoria industrial que comenzó en la avenida del Puerto de Valencia antes de trasladarse al polígono industrial de Albal en l'Horta Sud. Formica ha sido un referente en la fabricación de laminados decorativos, utilizados en el revestimiento de mobiliario de aglomerado en cocinas, superficies de cambiadores y vestuarios.
La salida de la producción de Formica de España representa un duro golpe para el tejido industrial local, dejando un vacío significativo en el sector manufacturero valenciano y afectando a cientos de familias que dependen directa o indirectamente de la planta. Esta situación también evidencia la vulnerabilidad de las industrias frente a desastres naturales y la necesidad de reforzar las infraestructuras para mitigar el impacto de fenómenos climáticos extremos, como la reciente DANA que afectó a la región. El comité de empresa ha pedido insistentemente la reapertura de la planta, argumentando que es posible restaurar la producción y mantener los empleos. Sin embargo, la multinacional parece decidida a centrar sus esfuerzos en optimizar la cadena de suministro mediante la concentración de la fabricación en sus plantas europeas.
La decisión de Formica de abandonar la producción en España y limitarse a un papel logístico refleja un proceso de reestructuración global que prioriza la eficiencia operativa y la reducción de costes frente al mantenimiento de fábricas locales. Esta estrategia empresarial es común en un contexto de creciente competencia internacional y márgenes ajustados, han sopesado desde la organización.
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