
El reducido tamaño medio de las empresas limita su capacidad, inversión en I+D+i y productividad. En los últimos años han aumentado los desincentivos al crecimiento
Existe un “gap” entre el talento que demandan las empresas y el que pueden incorporar. Los planes para atraer profesionales del exterior chocan con trabas burocráticas
ECONOMÍA & POLÍTICA06/01/2026
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La economía española arranca 2026 con una contradicción que preocupa cada vez más a directivos y empresarios: pese a contar con la mayor tasa de paro de la Unión Europea, una parte creciente del tejido productivo no logra cubrir sus vacantes. Según la última Encuesta del Banco de España sobre la Actividad Empresarial (EBAE), elaborada por el Banco de España, el 48% de las empresas declaraban a finales de 2025 tener dificultades relacionadas con la mano de obra, el porcentaje más alto desde que este indicador comenzó a recopilarse en 2020.
El problema no se distribuye de forma homogénea. Sectores intensivos en empleo como la construcción, la hostelería y la agricultura concentran las mayores tensiones, con ratios que alcanzan el 63%, el 57% y el 54%, respectivamente. Este escenario empieza a comprometer la viabilidad de muchos negocios, especialmente entre pymes que dependen de campañas estacionales o de una elevada rotación de personal. A ello se suma un contexto demográfico adverso: en 2026, más del 35% de la población activa española supera los 50 años, lo que limita el relevo generacional en determinadas actividades.
Durante años, la inmigración ha sido la respuesta tradicional a los desajustes del mercado laboral. Sin embargo, los datos sugieren que esta vía ya no es suficiente. Aunque España se ha convertido en un importante polo de atracción para trabajadores extranjeros tras la pandemia, los problemas de contratación persisten. Esto obliga a replantear estrategias y a reconocer que la simple ampliación de la oferta de trabajadores no corrige, por sí sola, los desequilibrios existentes.
A diferencia de otros factores que han ido perdiendo peso, como los costes energéticos o las restricciones financieras, la falta de mano de obra se ha consolidado como uno de los principales frenos a la actividad empresarial. El acceso a la financiación afecta al 13% de las compañías, con mayor incidencia entre las pymes, mientras que el coste de los intereses de la deuda, que llegó a preocupar al 43% de las empresas a finales de 2023, se sitúa ahora en el 17,7%. En cambio, la dificultad para encontrar trabajadores no ha mostrado una tendencia clara a la baja.
El análisis temporal revela que el problema se intensificó a partir de 2022, coincidiendo con la recuperación tras la crisis sanitaria. Muchos profesionales de sectores duramente golpeados por la pandemia, como el comercio presencial o la hostelería, optaron por reorientar sus carreras hacia otras actividades más estables. A ello se sumó la reforma laboral, que incrementó el peso de los contratos indefinidos y redujo la flexibilidad en sectores con necesidades estacionales, como el turismo o la agricultura.
En otros países europeos, situaciones similares se tradujeron en fuertes subidas salariales. En España, sin embargo, este efecto ha sido más limitado. Los salarios han crecido, pero empujados principalmente por el aumento del salario mínimo interprofesional y la inflación, no tanto por la competencia entre empresas por atraer talento. La elevada tasa de paro y el peso de la negociación colectiva centralizada han diluido la presión al alza en los sueldos.
La escasez de trabajadores no se limita a empleos poco cualificados. También afecta a perfiles técnicos y digitales, aunque su impacto es especialmente visible en agricultura, construcción y hostelería. Precisamente en estas ramas coincide la mayor preocupación por la falta de personal con un retroceso significativo de la inversión prevista, lo que evidencia que la menor disponibilidad de trabajadores está condicionando el crecimiento empresarial.
Paradójicamente, son estos sectores los que más trabajadores reciben vía inmigración. Esto apunta a un problema de cualificación y experiencia: existe un “gap” entre el talento que demandan las empresas y el que realmente pueden incorporar. Los planes extraordinarios para atraer profesionales del exterior chocan con trabas burocráticas y, en algunos casos, con el escaso interés de los candidatos. La opción de recurrir a los desempleados nacionales tampoco resulta sencilla. Los datos del SEPE muestran un claro desencaje por edad y género: el colectivo más numeroso de personas en paro está formado por mujeres mayores de 50 años, mientras que las contrataciones se concentran en hombres menores de 35, especialmente en hostelería.

El reducido tamaño medio de las empresas limita su capacidad, inversión en I+D+i y productividad. En los últimos años han aumentado los desincentivos al crecimiento

El origen de esta situación se remonta a la reforma fiscal aprobada a finales de 2014 que reducía de forma sustancial los umbrales de acceso al régimen de módulos

En 2025, el gasto vinculado a esta prestación registra un incremento interanual del 11%, superando por primera vez la barrera de los 17.000 millones de euros

El origen de esta situación se remonta a la reforma fiscal aprobada a finales de 2014 que reducía de forma sustancial los umbrales de acceso al régimen de módulos

La consecuencia para las empresas españolas parece ser de momento la de una competencia más intensa en sectores clave, especialmente en industrias donde las pymes ya exportan

Existe un “gap” entre el talento que demandan las empresas y el que pueden incorporar. Los planes para atraer profesionales del exterior chocan con trabas burocráticas