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La consecuencia para las empresas españolas parece ser de momento la de una competencia más intensa en sectores clave, especialmente en industrias donde las pymes ya exportan
OPINIÓN05/01/2026 Juan Carlos Cangallo
La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses representa un momento de inflexión no solo para Venezuela, sino también para las dinámicas económicas y geopolíticas de la región. Tras meses de creciente presión militar y política por parte de Estados Unidos, Maduro fue sacado de Venezuela y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales, un giro que marca uno de los momentos más dramáticos en la política latinoamericana reciente.
El impacto inmediato de la operación y la caída del régimen venezolano se extiende más allá de los límites de ese país. En el plano regional, gobiernos y mercados, aún en estupor por la también caída del orden mundial, están reevaluando estrategias y alianzas. La fuerte reacción internacional —incluyendo la condena del Gobierno español por considerar la operación una violación del derecho internacional— pone de manifiesto tensiones que pueden influir en las relaciones comerciales y de inversión en toda la región.
Desde una perspectiva económica, Venezuela sigue siendo relevante por su industria petrolera. Aunque los efectos sobre los precios del crudo pueden no ser inmediatos debido al amplio colchón de oferta global, más allá de la bajada de hoy por el efecto mediático, el largo plazo podría ver cambios en la dinámica energética mundial si el país se reintegra a los mercados con mayor estabilidad y producción.
La caída de Maduro, pero con una transición a cargo del propio régimen que había sumido a Venezuela en crisis prolongadas, podría ser interpretada como una ventana hacia la estabilización económica del país. Si bien el panorama sigue lleno de incertidumbre —con un poder interino que aún debe consolidarse y con retos enormes— la expectativa de una recuperación económica gradual puede abrir futuras oportunidades comerciales, especialmente en sectores como energía, tecnología y servicios.
Sin embargo, este proceso será largo y no exento de riesgos para cualquier empresa extranjera que considere ingresar al mercado, sujeto naturalmente a cuanto abra el juego el declarado tutelaje de Trump en la nación sudamericana. Es este uno de los elementos más llamativos es la declaración pública del presidente Trump y en el cual Estados Unidos tiene intención de jugar un papel activo para facilitar el acceso a sus recursos energéticos.
Aunque este tipo de intervención es extremadamente inusual y ha generado críticas tanto en el ámbito internacional como de algunos sectores en EE. UU., también se traducirá en una mayor presencia de compañías norteamericanas en contratos de energía, reconstrucción y servicios. La consecuencia para las empresas españolas parece ser de momento la de una competencia más intensa en sectores clave, especialmente en industrias donde las pymes ya exportan productos o tienen interés en expandir operaciones.
Para las pymes que mantienen relaciones comerciales o de inversión en América Latina, los cambios abruptos de régimen suponen un riesgo reputacional y de estabilidad. Operar en un contexto donde la intervención militar extranjera ha rediseñado al gobierno anterior, impulsando a la vicepresidenta, implica evaluar cuidadosamente la percepción de los actores y adaptar las estrategias de responsabilidad social y gobernanza corporativa. Las pymes deben fortalecer sus análisis de riesgo político antes de comprometer recursos significativos en mercados sensibles de toda la región como Panamá, Ecuador, Colombia, o Cuba.
La posible transformación de Venezuela de un régimen aislado a uno más integrado económicamente bajo la esfera norteamericana durante la próxima década puede analizarse en clave global junto a los avances de China en el sud este asiático y de Rusia a pie de Europa, lo que eventualmente impactaría sobre los precios de materia primas y su dependencia sobre estos actores globales para disponibilizar recursos clave. Aunque el impacto inmediato en los precios puede ser limitado, el largo plazo podría ofrecer restricciones severas para que empresas europeas y españolas establezcan contratos de suministro o servicios en sectores energéticos y logísticos.
En el caso de Venezuela, el liderazgo estadounidense presionará sobre reformas económicas que favorezcan la entrada de inversión extranjera y la liberalización del mercado energético venezolano. Esto podría crear oportunidades de colaboración para empresas españolas en sectores como tecnología, servicios de ingeniería y comercio internacional si la propuesta ayudara en un punto clave: inversión que reduzca el déficit americano. En caso contrario, una mayor presencia estadounidense en proyectos energéticos puede representar competencia directa para empresas europeas, en especial si las condiciones favorecen a actores con fuerte respaldo político de Washington.
Para las pymes españolas, el cambio político en Venezuela abre un escenario de oportunidad y riesgo que irá muy alineado a como el gobierno de España actué comercialmente ante este escenario. Aunque la estabilidad futura y la apertura económica pueden atraer inversión extranjera, el contexto geopolítico altamente volátil requiere estrategias bien fundamentadas.

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