
Se trata de un formato formativo más breve y focalizado que los programas tradicionales, diseñado para ofrecer competencias concretas en un ámbito específico.

Hoy se conmemora el Día Europeo de las PYMEs, una fecha que reconoce la contribución económica y social de las pequeñas y medianas empresas en el desarrollo del continente. Pero en 2025, más que una celebración, el día se presenta como una oportunidad de reflexión: las PYMEs —que representan el 99% del tejido empresarial español— enfrentan un entorno más exigente, marcado por transformaciones regulatorias, tecnológicas y geopolíticas que amenazan su capacidad de competir y crecer.
Uno de los principales retos que afronta el ecosistema pyme es el de escalar operaciones sin perder flexibilidad. En un contexto global donde las economías de escala son esenciales para ganar productividad y resistir la presión de costes, muchas pequeñas empresas siguen limitadas por estructuras frágiles, dependencia excesiva del mercado local o dificultades para acceder a financiación y talento cualificado.
La situación se agrava cuando las transformaciones normativas no diferencian entre capacidades empresariales. La inminente (aparentemente) aprobación en España de la reducción de jornada laboral —que prevé pasar de 40 a 37,5 horas— ha generado preocupación entre las microempresas y autónomos empleadores, que denuncian su escasa capacidad para redistribuir carga laboral sin incrementar costes. Aunque la medida se orienta al bienestar del trabajador, su impacto desproporcionado en las empresas más pequeñas aún no ha sido suficientemente analizado.
Otro frente abierto es el de la digitalización, una condición indispensable para competir en el mercado europeo. La Comisión Europea fijó el objetivo de que el 90 % de las PYMEs tenga al menos un nivel básico de digitalización en 2030, pero a día de hoy solo el 58 % lo ha alcanzado. Este retraso limita su integración en cadenas de valor más complejas y reduce su margen frente a grandes actores que sí han consolidado procesos digitales, automatización y análisis de datos en su operativa diaria.
La internacionalización es otro eje crítico. Según datos recientes, el número de PYMEs españolas que exportan ha caído al 9,1 %, debido en parte al nuevo proteccionismo impulsado por la política arancelaria de Estados Unidos. La situación actual obliga a repensar las estrategias de acceso a mercados exteriores, especialmente en América Latina, tradicional destino para las empresas españolas, hoy afectado por la incertidumbre geopolítica y el debilitamiento del multilateralismo.
Aun así, la respuesta institucional no ha sido inexistente. La Unión Europea ha lanzado el Fondo PYME 2025, que permite a pequeñas empresas de los 27 países miembros y de Ucrania obtener subvenciones para registros de propiedad intelectual, innovación y desarrollo empresarial. También se han planteado reformas para reducir la carga burocrática, aunque persisten tensiones entre el deseo de simplificación y el mantenimiento de exigencias en sostenibilidad y gobernanza.
En este escenario, ganar tamaño, mejorar la capacidad de cooperación empresarial y acceder a nuevas tecnologías aparecen como estrategias esenciales para que las PYMEs puedan seguir cumpliendo su papel como motor económico y social de Europa. Más allá del reconocimiento simbólico, el Día Europeo de las PYMEs debería reforzar la convicción de que el futuro de estas empresas no pasa solo por resistir, sino por adaptarse con ambición.

Se trata de un formato formativo más breve y focalizado que los programas tradicionales, diseñado para ofrecer competencias concretas en un ámbito específico.

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Se trata de un formato formativo más breve y focalizado que los programas tradicionales, diseñado para ofrecer competencias concretas en un ámbito específico.