El pequeño comercio español pierde terreno frente al auge digital

Desde el año 2000, España ha perdido más de 140.000 establecimientos comerciales, lo que representa una reducción del 22,6% del total.

EMPRESAS29/08/2025EditorEditor
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La última década ha estado marcada por una transformación tecnológica acelerada, que modificó profundamente la manera en que los consumidores interactúan y realizan compras. Este cambio, impulsado de manera decisiva durante la pandemia, ha generado un escenario complejo para el comercio minorista, especialmente para los negocios de proximidad que carecen de recursos suficientes para adaptarse a los nuevos hábitos de consumo digitales.

De acuerdo con la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE), en el último año han desaparecido 9.739 comercios en España, lo que equivale a 26 cierres diarios. Estas cifras reflejan un sector en crisis, incapaz de resistir al incremento de costes, la digitalización desigual y la competencia de grandes plataformas que, gracias a su flexibilidad en horarios y a sus robustos canales online, logran captar una parte significativa del mercado.

El impacto de esta tendencia no se distribuye de manera homogénea en el territorio nacional. Según UATAE, las comunidades más afectadas en los últimos 12 meses han sido Cataluña (1.679 comercios menos), Andalucía (1.631), Castilla y León (1.000) y Galicia (984). El problema, sin embargo, se extiende a todo el país, erosionando un sector clave para la vida económica y social de muchas ciudades y pueblos.

Una crisis estructural que va más allá de la coyuntura

Desde el año 2000, España ha perdido más de 140.000 establecimientos comerciales, lo que representa una reducción del 22,6% del total. La Fundación BBVA advierte que este fenómeno se intensificó tras la pandemia: entre 2019 y 2024 desaparecieron 49.970 negocios, es decir, un tercio de los cierres acumulados en las últimas dos décadas.

María José Landaburu, secretaria general de UATAE, explica que “estamos viendo un cierre de comercios que no es solo consecuencia de factores económicos recientes, sino de un problema estructural”. Esta visión subraya que la situación actual no es meramente coyuntural, sino el resultado de un desgaste progresivo en el tiempo.

Los factores más señalados incluyen el alto coste del alquiler, el encarecimiento de los suministros energéticos y la incapacidad de competir con el comercio online y las grandes superficies. Además, la recuperación económica posterior a la pandemia no ha sido suficiente para revertir la tendencia. En la mayoría de las comunidades autónomas, los cierres de pequeños comercios superan con creces a las nuevas aperturas.

Para UATAE, la falta de políticas específicas de apoyo está acelerando esta desaparición. Como afirmó Landaburu: “No podemos resignarnos a que los pequeños comercios cierren mientras las grandes corporaciones siguen captando mercado sin restricciones”, motivo por el cual insiste en que “es urgente aplicar medidas que equilibren el terreno de juego”.

El impulso del comercio electrónico

La pandemia actuó como catalizador de una tendencia que ya se venía gestando: el crecimiento del comercio electrónico en España. Durante los confinamientos, el consumo online se consolidó como una alternativa segura y cómoda, y desde entonces ha mantenido un crecimiento sostenido.

Según la Fundación BBVA, entre 2019 y 2024 las ventas online se incrementaron un 95%, alcanzando los 95.200 millones de euros. Este aumento ha beneficiado de manera evidente a las grandes cadenas y a los operadores digitales, generando mayores dificultades para el comercio local, que no cuenta con los mismos recursos para invertir en plataformas, logística y marketing digital.

Aun así, se observa un cierto proceso de adaptación entre los minoristas. El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que el porcentaje de empresas que venden por internet pasó del 36% en 2019 al 45% en 2023. Este avance es significativo si se tiene en cuenta que en 2008 apenas un 14,7% de las compañías comercializaba sus productos online. La evolución muestra que, pese a las dificultades, el comercio minorista comienza a incorporar herramientas digitales para no quedar al margen de la nueva dinámica de consumo.

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