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Según analistas, parte con ventaja competitiva en el coste por sus recursos renovables abundantes. La UE estima que la electrificación pasará del 23% al 33%
ECONOMÍA & POLÍTICA28/03/2025
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España se encuentra en un momento clave para su transformación energética. Con sol, viento, territorio disponible y capacidad de electrificar numerosos consumos, el país tiene la oportunidad de convertirse en un líder en energías renovables y mejorar su competitividad. Sin embargo, según los analistas, este potencial solo se aprovechará plenamente si se superan los desafíos regulatorios y se invierte de manera estratégica en redes eléctricas resilientes y digitalizadas. En las próximas décadas, la electricidad será el pilar central del consumo energético, sustituyendo a los combustibles fósiles en transporte, calefacción e industria. Además, jugará un papel clave en sectores emergentes como la inteligencia artificial o la producción de hidrógeno verde, esenciales para la descarbonización de la economía.
España parte con una ventaja competitiva en el coste de la electricidad gracias a sus recursos renovables abundantes. La Unión Europea estima que la electrificación pasará del 23% al 33% del consumo total de energía en esta década, mientras que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) proyecta que en España esta cifra crecerá del 24% al 35% para 2030, y superará el 50% en 2050. Este cambio de modelo no será posible sin redes eléctricas avanzadas, capaces de gestionar la intermitencia de las renovables, integrar almacenamiento energético y facilitar el autoconsumo y la generación distribuida. La flexibilidad y la capacidad de respuesta de la red serán esenciales para optimizar la producción y el consumo, consideran.
Para que esta transición sea viable, España debe duplicar su inversión en redes eléctricas en la próxima década, siguiendo el plan impulsado por la Comisión Europea con su nuevo ‘European Grid Package’. No obstante, el proceso de expansión y modernización de estas infraestructuras enfrenta importantes barreras regulatorias, trabas administrativas y cuellos de botella en la cadena de suministro. Un factor clave será la implementación de redes más resilientes, no solo ante fenómenos meteorológicos extremos, sino también frente a ciberataques, un riesgo creciente en un sistema energético cada vez más digitalizado.
Para evitar retrasos en la transición energética, España debe avanzar hacia un modelo de planificación más flexible, que permita anticipar las necesidades futuras y no limitarse a una inversión reactiva. Apostar por una visión de largo plazo garantizaría competitividad, seguridad energética y reducción de costes en el mercado. El actual modelo de planificación y retribución de las redes eléctricas en España es excesivamente rígido. Se requiere un cambio regulatorio que permita:
La inversión en redes no solo es necesaria para sostener la transición energética, sino que también podría reducir la factura eléctrica, al favorecer la competencia, eliminar congestiones en la red y permitir la entrada de generación renovable más barata. España tiene una ventaja clara en la carrera por la electrificación y la sostenibilidad energética, pero sin una inversión adecuada en infraestructuras, esta oportunidad podría desaprovecharse. La planificación debe ser ágil y proactiva, incorporando inversiones anticipadas que garanticen la capacidad de la red para soportar el crecimiento del consumo eléctrico en los próximos años.

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